Tercer Domingo del tiempo ordinario
EL CENTRO ESTÁ EN LA PERIFERIA
Primera lectura: Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10:
Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido.
Salmo responsorial 18:
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Primera Carta a los Corintios 12, 12-30:
Vosotros sois el cuerpo de Cristo,
y cada uno es un miembro.
EVANGELIO
Lucas 1,1-4; 4,14-21:
Hoy se ha cumplido esta Escritura.

Iglesia ortodoxa de San Gabriel en Nazaret, edificada sobre un manantial de agua.
NOTA IMPORTANTE: El texto que sigue puede oírse haciendo click aquí
Pero en el texto escrito que sigue, a continuación, se han actualizado los datos de Cáritas (Informe Foessa 2024). Por lo que se recomienda leer el final de este texto bajo el título de “La dura realidad española”. Quiero recordar que estos comentarios que se publican semanalmente son del año 2022, aunque en el texto que se envía cada semana se han actualizado con frecuencia los datos relativos a temas sociales, económicos, políticos o religiosos.
1 1Dado que muchos han intentado hacer una exposición ordenada de los hechos que se han verificado entre nosotros, 2según lo que nos transmitieron los que desde un principio fueron testigos oculares y llegaron a ser garantes del mensaje, 3he resuelto yo también, después de investigarlo todo de nuevo con rigor, ponértelo por escrito de forma conexa, excelentísimo Teófilo, 4para que compruebes la solidez de las enseñanzas con que has sido instruido [ … ].
4,14Con la fuerza del Espíritu regresó Jesús a Galilea, y la noticia se difundió por toda la comarca. 15Enseñaba en aquellas sinagogas, y todos se hacían lenguas de él.
16Llegó a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se levantó para tener la lectura. 17Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito:
18El Espíritu del Señor descansa sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres,
a proclamar la libertad a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a poner en libertad a los oprimidos
19 a proclamar el año favorable del Señor (Is 61,1-2).
20Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en el 21y empezó a hablarles: -Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado.
La escena del evangelio de hoy se sitúa en Nazaret “donde Jesús se había criado” y había pasado su infancia y juventud. Nazaret era una aldea, nunca mencionada por los historiadores o geógrafos del s. I.
Lo poco que sabemos de la infancia y adolescencia de Jesús
Los libros piadosos nos tienen acostumbrados a pensar que Jesús pasó una infancia y juventud idílicas, jugando con los otros niños de Nazaret, en la armonía de un hogar mantenido por una joven pareja formada por José, tradicionalmente considerado “carpintero” (en griego, tektôn, aunque esta palabra griega indica alguien que trabaja no solo la madera, sino la piedra-). Este hogar estaba atendido por María, que se cuidaba de las tareas de la casa y del niño; un niño feliz, rodeado de otros niños a los que aventajaba en inteligencia, aunque siempre obediente y sumiso a la voluntad de sus padres. Pero esto no se puede afirmar por los evangelios, porque de la convivencia de aquella familia durante esos años no sabemos prácticamente nada.
Nazaret y Galilea en tiempos de Herodes
Lo que sabemos por la historia es que Nazaret -la patria de Jesús y, posiblemente, también su lugar de nacimiento- estaba situada en la provincia de Galilea. Por la historia contemporánea conocemos que, en tiempos de Jesús, Galilea se había convertido en un bastión del nacionalismo judío más exaltado contra la dominación romana.
Herodes el Grande, nacido el 74-73 a.C, reinó entre los años 37 a.C. y el 4 a.C. Jesús debió nacer unos años antes de la muerte de Herodes, hacia el 7 a.C. aproximadamente. Herodes fue un rey vasallo de Roma, que mantuvo al país unido mediante la fuerza, aplicando para ello una violencia que le llevó hasta el punto de matar a Mariamme, una de sus diez mujeres que sepamos, a dos hijos suyos, y ordenar asesinar a todos los nobles de Jericó cuando muriese “para que hubiese llanto en su entierro”. Por no ser judío, sino natural de Edom, Herodes no era querido por los judíos. Para congraciarse con ellos emprendió una serie de construcciones impresionantes, entre las que destacan la construcción del templo de Jerusalén y numerosas fortalezas sembradas por todo el territorio, gracias a las que se ganó el sobrenombre de “el Grande”.
Revueltas contra la ocupación romana
A la muerte de Herodes, hacia el año 4 a.C., surgieron revueltas violentas en todo el país contra la ocupación romana. Una de estas estuvo capitaneada por Judas, el galileo, y tuvo lugar en Séforis, a 8 kms de Nazaret. El tal Judas era el cabecilla de un grupo de bandoleros que asaltó el palacio real de Séforis y se apoderó de las armas y, tras equipar con ellas a sus hombres, saqueó las reservas que había, y se proclamó rey de Israel. Gracias al apoyo de sus seguidores, llegó a controlar, aunque por poco tiempo, toda la región de Galilea, incluida Nazaret donde Jesús vivía. Pero no fue esta la única revuelta. Otras dos fueron lideradas por Simón, un ex-esclavo de Herodes, que quemó en Jericó su palacio y también se proclamó rey, y por Atronges, un pastor que llegó a someter la región de Judea junto con sus cuatro hermanos.
Estos líderes, salidos de las capas populares de la población, reavivaron en el pueblo sencillo las esperanzas de llegar a ser gobernados un día por un Rey Mesías, al estilo de David. Este rey mesías esperado liberaría por la fuerza de las armas al pueblo judío de la ocupación romana que lo tenía doblegado.
Una a una, estas rebeliones fueron aplastadas por las fuerzas romanas de ocupación. Publio Quintilio Varo, general romano, instalado en Siria, como legado propretor, “tomó inmediatamente tres legiones y marchó contra los revoltosos. Primero se dirigió a Perea, donde sofocó el movimiento de Simón. Luego aplastó en Judea a los rebeldes de Atronges y crucificó a más de 2.000 sublevados cerca de Jerusalén. Pero el castigo más duro lo aplicó en Galilea, la patria de Jesús. Allí Varo puso sitio a Séforis, apresó y dio muerte a Judas, prendió fuego a la ciudad, destruyó completamente todos sus edificios reduciéndolos a cenizas y, finalmente, a sus habitantes, por haber apoyado a Judas, los hizo vender como esclavos”.
Estos datos están tomados del artículo de Ariel Valdés, “Las rebeliones políticas que conoció Jesús y su mensaje sobre el reino”, revista Éxodo (5-01-2011).
Jesús debió conocer esto y, tal vez, por ello emprendió un modo de liderazgo distinto, en cuyo programa no entraría nunca la fuerza, ni la violencia, ni la intolerancia y, por supuesto, ni las armas, ni la guerra.
En la sinagoga de Nazaret
Fue precisamente un día de sábado, en la sinagoga, lugar de reunión de los judíos y de lectura de los profetas, donde Jesús eligió la lectura del fragmento del profeta Isaías (cap. 61, versículos 1 y 2), con el que quería proclamar cuál iba a ser el núcleo de su programa misionero.
En ese texto del evangelio, Jesús se considera ungido por el Espíritu de Dios, ese Dios que bajó hasta él en el bautismo “como una paloma”, esto es, con la querencia de una paloma que baja a su nido. Pues bien, el programa de este Jesús, en quien habita Dios, se define, en primer lugar, como “una buena noticia” dirigida a los pobres, que no cuentan para nada en nuestra sociedad; en segundo lugar, a los cautivos, para proclamar su libertad; en tercer lugar, a los ciegos para devolverles la vista, y en cuarto lugar, a los oprimidos para ponerlos en libertad, proclamando de este modo el año favorable del Señor.
El núcleo del programa de Jesús
Y en esto consiste precisamente su misión, el núcleo de su programa misionero: en centrar toda su atención en la periferia, esto es, en los que no cuentan en la vida, ni son objeto de atención de gobernantes políticos o autoridades, ni tienen un papel relevante en la sociedad, a todos los que viven en las periferias, a la vera del camino, en los márgenes de una sociedad impasible ante tanta pobreza, tanta falta de libertad, tanta ceguera de miras y tanta opresión…
Jesús era consciente de que la sociedad no se cambia por la fuerza, ni por las armas, como algunos de sus paisanos entendieron. Tampoco parecía estar demasiado preocupado por el culto o por el templo, sino por quienes, con razón o sin ella, se encontraban marginados, descartados, excluidos, los verdaderos prójimos “en quienes Dios habita”.
La dura realidad social española
Y para que no nos andemos por las ramas, el informe Foessa de Cáritas española de 2024 nos pone los pies en el suelo, describiendo la dura realidad social de España e indicando cuáles son hoy estos marginados o como llama el Papa Francisco “los descartados”. La verdad es que da escalofríos.
Este informe constata lo siguiente:
-Se incrementa un 39,7% el número de personas en exclusión social severa respecto de 2007, hasta alcanzar a 4,3 millones de personas en España.
-Ha habido un aumento del empleo, pero 1 de cada 3 personas desempleadas están en situación de exclusión social severa y 1 de cada 10 trabajadores en exclusión social.
-La exclusión social severa en la infancia es ahora un 15,4% (más del doble que en 2007 que era de 7,2%) y la evolución que ha tenido entre la juventud de 18 a 29 años ha pasado del 6,4% en 2007 al 11% en 2024.
-Más de 4,6 millones de hogares sufren dificultades relacionadas con el acceso y el mantenimiento de la vivienda en 2024.
-El riesgo de exclusión social se incrementa hasta el 30% para las familias que pagan un alquiler.
-Se ha producido un aumento de los casos de enfermedades graves y/o crónicas que no han recibido atención en el último año (1,5 puntos porcentuales más que en 2018) y que alcanza al 3,6% de la población.
-La mayor exposición a la exclusión social también se encuentra fuertemente asociada a determinados tipos de hogar, especialmente las familias monoparentales (29%), a las familias con menores de 24 años (24%), y a aquellas familias con alguna persona con discapacidad (24%). 472. A pesar de que la mayoría de las personas en exclusión social son españolas no gitanas, la incidencia de este fenómeno alcanza prácticamente a la mitad de las personas migrantes extracomunitarias y en las personas gitanas alcanza el 69%.
Desde esa mirada y ante los datos presentados, como sociedad nos enfrentamos a diferentes retos que deben ser abordados no solo pensando en las mayorías, sino poniendo también el foco en aquellas personas, colectivos y territorios que tienen mayores dificultades y que, en muchos casos, enfrentan una acumulación de problemas simultáneos que se retroalimentan entre sí. Partir de la realidad que existe es necesario, pero debemos trabajar con vistas al horizonte de construir una sociedad más justa y cohesionada en la que el principio del bien común sea la clave para el rediseño y desarrollo de una nueva sociedad. En conclusión, debemos trabajar con vistas al horizonte de construir una sociedad más justa y cohesionada en la que el principio del bien común sea la clave para el rediseño y desarrollo de una nueva sociedad.
Volver al Evangelio
Como seguidores de Jesús o como personas de buena voluntad, ¿cuál es nuestra preocupación central? ¿Cuál nuestro centro de atención? ¿Y el de nuestras iglesias o comunidades?
Tal vez tengamos todos que volver al Evangelio, -cada uno en su propio país y en su propio entorno- para entender que nuestro centro de atención, como el de Jesús, tiene que estar en esa periferia, a la que hoy Cáritas española pone cara, identifica y cuantifica. Terrible realidad que tenemos que remediar entre todos.

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