Aceite-Amor

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

Primera lectura: Sabiduría 6, 12-16:

            Quienes buscan la sabiduría, la encuentran.

Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Segunda Lectura: 1ª carta a los Tesalonicenses 4, 13-18:

             Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

            EVANGELIO

            – Mt 25, 1-13: -¡Que llega el novio, salid a recibirlo!

Nota: Si prefieres oír el texto del comentario que sigue, haz click aquí.

12 de noviembre de 2023

Etíopes en el mercado.

***

Entonces se parecerá el reino de Dios a diez mucha­chas que cogieron sus candiles y salieron a recibir al no­vio. Cinco eran necias y cinco sensatas. Las necias, al co­ger los candiles, se dejaron el aceite; las sensatas, en cam­bio, llevaron alcuzas de aceite además de los candiles.

Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó gritar: -¡Que llega el novio, salid a recibirlo!

Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles.

Las necias dijeron a las sensatas: -Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan. Pero las sensatas contestaron: -Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo.

Mientras iban a comprarlo llegó el novio: las que es­taban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Cuando por fin llegaron las otras mu­chachas, se pusieron a llamar: -Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió: -Os aseguro que no sé quiénes sois.

Por tanto, manteneos despiertos, que no sabéis el día ni la hora.

El aceite en la antigüedad

El aceite de oliva era símbolo de riqueza y bendición de Dios en la antigüedad bíblica. Maravillosa fuente de recursos: ayuda para preparar comidas, medicamento, cosmético tonificante y abrillantador de la piel, combustible de lámparas, componente de los más variados perfumes, artículo importante de exportación al mercado común del Antiguo Oriente. En las excavaciones del palacio real de Samaría (s. IX a.C.) se encontraron óstraca -fragmentos de vasos de arcilla- con la inscripción shemen rahus, aceite purificado, “refinado”, podríamos traducir.

La unción con aceite

El aceite era considerado una sustancia especialmente poderosa. En el antiguo Oriente y en el mundo antiguo, en general, la unción con aceite era un remedio habitual para la curación de los enfermos. En Babilonia, el médico se llamaba “asû”, es decir, “experto en aceite”. Las personas consideradas sagradas, a las que en las grandes culturas antiguas pertenecían también los soberanos, adquirían el poder para ejercer su función mediante la unción con aceite. El rey egipcio hacía subir de rango a quien quería derramando aceite sobre su cabeza. Sargón I de Acad llevaba el sobre-nombre de “ungido del dios del cielo”.

            -En el Antiguo Testamento

La unción con aceite en el Antiguo Testamento significaba bendición, consagración, reconocimiento por parte de Dios y distinción ante los hombres. Precisamente los sacerdotes tenían necesidad de esa consagración; de hecho, Aarón, el hermano de Moisés y sus hijos fueron ungidos con aceite, quedando consagrados como sacerdotes (Éx 40,13ss). Entre las muchas maldiciones de Dios, que recaerán sobre los que no guarden sus preceptos, se encuentra esta del libro del Deuteronomio (28,40): “Tendrás olivos en todos tus terrenos y no te ungirás con aceite porque se te caerán las aceitunas”.

            -En el Evangelio de Marcos y en la Iglesia

Los discípulos de Jesús, en el evangelio de Marcos,  ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (Mc 6,13), y en el de Lucas (10,34), el samaritano se acercó al malherido y le vendó las heridas echándole aceite y vino (Lc 10,34). En la carta de Santiago (5,14) se recomienda a los responsables de la comunidad que recen por el enfermo y lo unjan con aceite invocando al Señor, pues “la  oración hecha con fe dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante; si, además, tiene pecados, se le perdonarán”. En las iglesias actuales,  el aceite, en parte, en estado natural y, en parte, mezclado con bálsamo y diversas especias, se denomina “crisma”, y se usa en las ceremonias del bautismo, confirmación, ordenación sacerdotal y extremaunción.

Sensatas y necias

La parábola que acabamos de leer gira en torno al tema del aceite elevado a categoría de símbolo: “Diez muchachas, cinco sensatas y cinco necias, cogieron sus candiles y salieron a recibir al novio…”. Estos candiles eran una especie de antorcha de aceite con una mecha de tela resistente al aire.  La figura del novio o esposo designa a Jesús mismo (cf. 9,15).

El uso de los adjetivos «sensatas y necias» pone a esta parábola en estrecha relación con la de “las dos casas” del evangelio de Mateo (7,24-27): “Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, vino la riada, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada en la roca. Y todo aquel que escucha estas palabras mías, pero no las pone por obra se parece al necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, vino la riada, soplaron los vientos, embistieron contra la casa y se hundió. ¡Y qué hundimiento tan grande!”. Las muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús, pero no lo han llevado a la práctica; las sensatas, las que lo han traducido en sus vidas.

El matrimonio en Israel

La celebración del matrimonio en Israel era un asunto puramente civil,  que no culminaba en ningún acto religioso. Civil, pero sumamente festivo. La ceremonia principal consistía en la entrada de la novia en casa del novio. Este, con la cabeza adornada por una diadema y acompañado de sus amigos, se dirigía a casa de la novia, que lo esperaba ricamente vestida y adornada de alhajas, pero cubierta con un velo que no se quitaba hasta entrar en la cámara nupcial, a la que era conducida acompañada de sus amigas y el cortejo del novio entre panderetas y cantos.

El asunto del velo dio motivo, en una ocasión al menos, para meter gato por liebre; recuérdese el caso de Labán que sustituyó bajo el velo a su hija Raquel, la hermana mayor y pretendida de Jacob, por Lía, la menor, preferida de aquél. Jacob se dio cuenta del cambio a la mañana siguiente, tras dormir con ella… (Gn 29,15-30).

La llegada del novio a deshora

Aquella noche, el novio de la parábola se retrasó más de lo debido y todas las muchachas, amigas de la novia, se durmieron esperando. Pero “a media noche se oyó gritar: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Se despertaron todas y se pusieron a despabilar los candiles. Las necias dijeron a las sensatas: -Dadnos de vuestro aceite, que los candiles se nos apagan. Pero las sensatas -aparentemente poco amigables y caritativas- contestaron: -Por si acaso no hay bastante para todas, mejor es que vayáis a la tienda a comprarlo. Mientras iban, llegó el novio; las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta”. Consiguientemente, las necias no pudieron entrar.

Simbolismo del aceite

La boda de la parábola simboliza la instauración del Reinado de Dios en el mundo. Nada se dice en ella del simbolismo del aceite, pero todo hace suponer -por el resto del capítulo del Evangelio donde se encuentra esta narración- que el aceite que permite mantener encendida la lámpara de la vida cristiana es el amor a los que no cuentan en la sociedad, a los de abajo, a los marginados, haciendo producir en bien de ellos los talentos que Dios da, parábola que aparece a continuación de esta (Mt 25,14-30).

Quien tenga esta actitud entrará en el Reino de Dios: “-Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque, tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme”(Mt 25,34-36). Este texto está tomado del mal llamado “juicio final”, en realidad “juicio de las naciones paganas”, esto es, de los que no pertenecen al pueblo de Dios ni practican sus mandamientos, que serán juzgados, al final, por su capacidad de compasión y de amor hacia los descartados de la sociedad.

Aceite-amor que no se presta

La provisión de aceite-amor asegura la entrada en el Reino de Dios y es prueba eficiente de que Dios reina en la comunidad cristiana. Pero este aceite-amor no es posible recibirlo de otros, ni prestarlo a nadie. Es algo personal e intransferible. Cada uno debe disponer de él para alimentar la lámpara de su propia vida, que, sin él, se vuelve oscuridad.

Una ola de desamor inunda el mundo

Hoy no tengo más remedio que volverme a nuestro mundo, especialmente a sus gobernantes, un mundo plagado de guerras y conflictos militares, entre los que sobresalen, por estar más cerca de nosotros, la guerra de Ucrania y la invasión de Gaza por parte del ejército de Israel contra Hamás, invasión que, en realidad, ha evolucionado a guerra, no solo contra Hamás, sino –y lo que es peor- contra el pueblo gazatí, a juzgar por las innumerables víctimas civiles que está causando…

El ataque de Hamás y la invasión militar de Gaza

En otras ocasiones he hablado en estos comentarios de la guerra de Ucrania que, lamentablemente, continúa sin previsión alguna de un alto el fuego. Pero ahora quiero dedicar solo unos párrafos a la actual de Israel, que me afecta especialmente por haber vivido allí un año durante la guerra del Yom Kippur (1973) y por ser el país de un Jesús que se negó a todo tipo de violencia, proponiendo como alternativa la práctica de un amor solidario y compasivo hasta dar la vida por el prójimo, si fuese necesario.

            -Un asedio al modo antiguo

En Israel, “la guerra contra el terror de Hamás”, se ha vuelto en “un terror de guerra”, semejante a los asedios de la antigüedad o del medievo, cuando se cercaban las murallas de la ciudad asediada y las tropas  cortaban toda entrada de bienes para la supervivencia, hasta que los asediados morían de agotamiento e inanición. Esto es lo que está pasando en la Franja de Gaza, sin que nadie pueda parar esta ola de venganza, odio y muerte sin fin, ni conseguir hasta ahora, no ya un alto el fuego que sería de esperar, sino, al menos, abrir corredores sanitarios para atender a la población civil y a los numerosos enfermos y heridos que se encuentran en los hospitales.

            -Cifras escalofriantes de muertos y heridos con rostro humano

“Al menos 10.022 palestinos han muerto en Gaza desde el comienzo del enfrentamiento entre Israel y Hamás, según los datos actualizados del Ministerio de Salud de Gaza. Más del 40% de los fallecidos por los bombardeos israelíes (4.104 personas) son niños, cuando se cumple el primer mes de la guerra desatada tras el atentado del 7 de octubre de Hamás en Israel. El ejército israelí ha informado además de que sus aviones han lanzado en las últimas horas 450 ataques contra objetivos en Gaza, sin aflojar la presión pese a las llamadas a abrir pausas humanitarias, para permitir la entrada de ayudas que alivien la situación de la población de la Franja. Mientras actúa el ejército, que asegura haber dividido en dos el enclave palestino y tener cercada la Ciudad de Gaza, la presión diplomática aumenta para lograr siquiera pausas en los bombardeos”

            (Texto tomado de El diario El País del pasado 6 de noviembre:

(https://elpais.com/internacional/2023-11-06/guerra-entre-israel-y-gaza-en-directo.html)

            -El difícil perdón

¿No habrá ningún modo de conseguir aceite-amor/compasión, para detener y poner fin a esta locura de Hamás que ha cometido un terrible acto terrorista, y de Israel que ha respondido sin mesura masacrando con sus bombardeos a miles de gazatíes? La -a todas luces- desmesurada actuación de Israel en Gaza está dejando un rastro de destrucción que afecta a numerosos edificios de la Franja donde residía población civil, dañando una de cada dos viviendas, según las autoridades gazatíes.

Ya sé que es difícil perdonar, pues lo estamos viendo estos días en un tema menor como el de la amnistía que van proponer los socialistas en España, pero ¿no correrá una gota de sensatez por parte de los gobiernos implicados para detener esta masacre, que ya, a todas luces, puede denominarse “genocidio”?

El Papa Francisco y las armas

Antes de terminar, quiero recordar unas palabras del Papa Francisco, quien, al reunirse con una delegación del Seminario Rabínico Latinoamericano en diciembre pasado, reiteró su denuncia contra la industria armamentística, recordando que en Ucrania se están probando nuevos armamentos a costa de gente que muere: …”Hay que pensar que, si no se hicieran armas durante un año, se acabaría el hambre en el mundo, pues creo que es la industria más grande”. Y es que no hay mayor prueba de desamor que el uso de las armas para solventar los conflictos.

La lección que hay que aprender

¿Cuándo aprenderá la humanidad –y muy en especial sus gobernantes- que solo el aceite-amor y la compasión sin límites pueden hacer posible la convivencia  humana y convertir la vida de los pueblos a escala mundial y la de las personas a escala social, en una fiesta de bodas, abierta al desarrollo, al futuro y a la fecundidad?…

De ser así, como dice el proverbio, “otro gallo le cantaría a la humanidad”…

Nota aclaratoria: La parábola como alegoría

Originariamente, el novio que aparece en la parábola es el esposo, anunciado en el Antiguo Testamento, que viene para celebrar las bodas con su pueblo, como prometieron los profetas Oseas, Jeremías, Isaías (cc. 2 y 3). Estos hablaban del banquete de bodas que se celebraría al final de los tiempos en el que Dios se desposaría con su pueblo, Israel, su novia/esposa.

La historia de la humanidad puede compararse, según eso, con una celebración de bodas, máxima expresión del amor.

Las diez muchachas (en edad casadera o vírgenes) son signo de una humanidad ya madura para el amor; en sentido colectivo, todas son la novia, son Israel, y pueden ser la Iglesia o la humanidad sin que destaque una entre las otras, pero tienen también un sentido individual, pues cada una es valiosa por sí misma y debe llevar consigo el aceite-amor.  Estas muchachas representan a los hombres y mujeres que deben mantenerse preparados para las bodas de Dios, que remiten al más allá de la muerte a lo que se alude en la parábola al decir que “todas se durmieron”. Los primeros cristianos consideraban la “muerte” un sueño (de ahí, cementerio = dormitorio).

Para poder entrar al banquete de bodas hay que tener amor, del que carecen cinco de las muchachas, que no se han ocupado de este y que, con su carencia de este, se auto-excluyen de la fiesta de bodas.

                                                ***

-Una explicación muy detallada y altamente alegórica –tal vez demasiado- de esta parábola se encuentra en Javier Pikaza, Evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia. Verbo Divino 2017, pp. 830-840.

-Para el significado de la palabra “aceite” en el mundo antiguo, puede verse Manfred Lurher, Diccionario de imágenes y símbolos de la Biblia, Ediciones El Almendro 1994 (recientemente reimpreso por la editorial Herder, de Barcelona). Diccionario muy recomendable.

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