Dichosos los que eligen ser pobres
Solemnidad de Todos los Santos
Primera lectura: Apocalipsis 7, 2-4. 9-14:
Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.
Salmo 23: Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
Segunda Lectura: 1 Juan 3,1-3: Veremos a Dios tal cual es.
EVANGELIO
Mateo 5, 1-12a: Estad alegres y contentos, que grande es la recompensa que Dios os da.
Nota: Si prefieres oír el texto del comentario que sigue, haz click aquí.
01 de noviembre de 2023

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Al ver Jesús las multitudes subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Él tomó la palabra y se puso a enseñarles así:
Dichosos los que eligen ser pobres,
porque sobre ésos reina Dios.
Dichosos los que sufren,
porque ésos van a recibir el consuelo.
Dichosos los sometidos,
porque ésos van a heredar la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de esa justicia,
porque ésos van a ser saciados.
Dichosos los que prestan ayuda,
porque ésos van a recibir ayuda.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ésos van a ver a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.
Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,
porque sobre ésos reina Dios.
Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por causa mía. Estad alegres y contentos, que grande es la recompensa que Dios os da; porque lo mismo persiguieron a los profetas que os han precedido.
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La traducción de la primera bienaventuranza
Si se hubiese perdido el texto de las bienaventuranzas, a excepción del de la primera, creo que no tendríamos que lamentar una pérdida demasiado importante. Porque, en mi opinión, todas las bienaventuranzas se reducen a esta, que es la causa o consecuencia de las restantes: “Dichosos los que eligen ser pobres, porque sobre ésos reina Dios” (Mt 5,3). Esta es la traducción‑interpretación del texto griego que, en la mayoría de las versiones del Nuevo Testamento, se lee así: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Pobres de espíritu
La expresión “pobres de espíritu” suena en castellano a “persona apocada”, “poco generosa”, y la expresión “el reino de los cielos” nos lleva más bien al más allá después de la vida. Pero hay que notar que Jesús dirigía esta bienaventuranza a los que estaban presentes, invitándolos a cambiar de estilo de vida, precisamente en este mundo, sin tener que esperar al más allá.
El reino de los cielos
Este segundo miembro de la bienaventuranza es traducido también por la mayoría de las versiones del Nuevo Testamento así: “porque de ellos es el reino de los cielos”. Mala traducción, pues para los judíos, a los que va dirigido el evangelio de Mateo, el nombre de Dios no se debe pronunciar y es sustituido por “los cielos”, lugar donde se creía que este habitaba. Una traducción más ajustada sería: “porque de ellos es el reinado de Dios”, o mejor, “porque sobre esos reina Dios”, y no el otro dios de nuestro mundo: el dinero.
O Dios o el dinero
Si hay algo claramente expresado en los evangelios es esto: dentro de este mundo, los seres humanos hacemos una opción por uno de estos dos señores: o Dios o el dinero, y lo que cada uno de éstos representa.
Pues bien, cuando Jesús sube a la montaña para proclamar el núcleo fundamental de su evangelio, o lo que es igual, cómo debe ser el modo de comportarse de los que son ya ciudadanos del reino de Dios, la primera frase que pronuncia es ésta: “Dichosos los que eligen ser pobres porque sobre ésos reina Dios…”.
Esta bienaventuranza es la primera condición para ser cristiano y la manifestación más clara de que ya se es. Equivale a decir “dichosos los que no ponen su corazón en el dinero, en las cuentas corrientes, en los bienes materiales, en señores que dan honor, poder y fama a quienes lo tienen.
Dichosos los que eligen ser pobres…
“Dichosos los que eligen ser pobres,” esto es, quienes han renunciado a cifrar sus esperanzas de vida y felicidad en tener y acumular, en acaparar y concentrar en sus manos los bienes de la tierra que deben ser repartidos por igual entre todos, dada la igualdad de derechos de los seres humanos.
“Dichosos los que eligen ser pobres” porque han preferido el camino del “ser” al del “tener”, que lleva a la libertad más absoluta, a la independencia más exigente, a la fe auténtica en el Dios de Jesús.
“Dichosos los que eligen ser pobres,” porque han detectado que el núcleo del mensaje de Jesús es: o Dios o el dinero, o Dios o el capital, o Dios o los mercados, o Dios o la ideología neoliberal, y que no hay otros señores que manden en nuestro mundo, un mundo que adora más al dinero que a Dios, aunque esto conduzca a opresión, miseria, pobreza y sumisión de unos para con otros.
…Porque ésos tienen a Dios por rey
“Dichosos los que eligen ser pobres, porque ésos tienen a Dios por rey / porque sobre ésos reina dios”. Y quien tiene a Dios por rey, no tiene nada que temer, pues en el reinado de Dios o en la comunidad en la que Dios reina, que es lo mismo, se debe poner fin a la pobreza, como bien explica Mateo en el capítulo 6,25‑34: “Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban… Conque no andéis preocupados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Son los paganos quienes ponen su afán en esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura” (Mt 5,19.31‑33).
“Poderoso caballero es don Dinero”
Las demás bienaventuranzas son consecuencia o manifestación de la primera. Pues quien elige este camino de pobreza, de libertad, de independencia chocará con los partidarios de ese otro señor de este mundo: “Poderoso caballero es don dinero” al que Quevedo le dedicó toda una poesía ya clásica.
Como consecuencia, quienes eligen el camino de la pobreza voluntaria, sufrirán y serán sometidos por los poderosos, suspirarán por la justicia (segunda, tercera y cuarta bienaventuranza), serán solidarios, prestando ayuda (quinta bienaventuranza) y limpios de corazón o nítidos en su comportamiento con los demás (sexta bienaventuranza) y, sin duda, trabajarán por la paz, fruto de la implantación de la justicia y la solidaridad entre los hombres (séptima bienaventuranza). Finalmente, por permanecer fieles a este estilo de vida, basado en la confianza en Dios, serán perseguidos (octava bienaventuranza).
Santos en vida
A quienes tienen las bienaventuranzas por ideario de vida, se les promete, a cambio, un mundo nuevo donde Dios reine y con él un estilo de vida que hace feliz en profundidad al ser humano. Pero, para ello, no tendrán que esperar al más allá, pues ya, desde ahora, todos los que han elegido ser pobres vivirán unidos ese estilo de vida donde se hará presente el mundo por venir, basado en la austeridad, el amor y la solidaridad mutua.
Estos que eligieron vivir la primera bienaventuranza en el pasado o aquellos que la viven hoy pueden ser considerados ya “santos en vida”, sin tener que esperar a ser subidos a los altares tras la muerte. A todos ellos nuestra más sincera felicitación hoy Solemnidad de Todos los Santos.
Nota:
El comentario a esta primera bienaventuranza puede verse más desarrollado en el texto del sexto domingo del tiempo ordinario publicado en esta misma web: https://www.ibicla.org/post/dichosos-los-pobres
Puede verse en YouTube también un curso online de cinco lecciones, impartido por mí, titulado “Jesús y el dinero en tiempos de Covid-19. Más allá del liberalismo”:
Poderoso caballero es Don dinero. Texto escrito y leido e introducción a la poesía de Quevedo:
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